jueves, 26 de mayo de 2016

comidas y bebidas

El hombre del llano ha logrado adoptar sus hábitos alimentarios no solo a las condiciones propias de su entorno sino a su propio trabajo ejemplo de lo anterior es la “mamona” o ternera a la llanera, quizás el plato más conocido de esta zona, infaltable en cualquier festividad que organice el llanero. En su preparación que se hace sacrificando terneras de seis meses a un año; lo más importante son los cuatro costes clásicos. También se consume el tamal, la arepa y el mañoco que es granulado de yuca o mandioca con miel de abejas, el casabe o harina de yuca brava, el plátano asado o frito, la yuca, el maíz, el chontaduro y el arroz 


"mamona a la llanera"

Trajes típicos

En el hombre fue tradicional el llevar el sombrero de palma o el ya desusado “castor”, de fieltro en colores claros (lebruno) u oscuros (araguato); pantalón garrasí o “uña de pavo”, hasta la pantorrilla y con abotonadura para remangarse; camisa cotona o sin cuello y el también ya desusado “bayetón” de dos fases (rojo y azul). La mujer usaba tradicionalmente un camisón corto hasta la rodilla y nada más, las cotizas, sandalias o alpargatas son el calzado obligado y muy funcional para hombres y mujeres.

Mitos


En los llanos colombianos encontramos una amplia variedad de mitos, entre ellos se puede destacar el mito de rompellanos:

Arraigado en Arauca, es la devoción a Eduardo Fernández, más conocido como "Rompellano". Natural de Casanare, posiblemente de la población de Hato Corozal, Rompellano era un hombre alto, delgado, de cabello castaño y lacio, de ojos claros y brillantes.

Antiguo guerrillero de la época de los cincuentas, formó parte de las conocidas guerrillas liberales de los llanos. Hizo la revolución al lado de Guadalupe Salcedo, grupo que operaba en las regiones de Arauca y Casanare. Quienes lo conocieron coinciden en afirmar que era un hombre noble y generoso; así lo expresó el señor Ramón Cisneros: "a Eduardo le nacía luchar incansablemente por los pobres, robaba a los ricos para ayudar a los marginados".

Su inconformidad lo condujo a la "revolución" y, finalmente, a tener que abandonar el territorio por temor a perder su vida. Cuando se presentó la primera amnistía, el 13 de junio de 1953, en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, Eduardo Fernández se acogió al decreto en la población de Tame. El 19 de septiembre de 1953 llegó a la población de Arauca y, según las personas que lo conocieron, bebió mucho licor durante tres días. El día 22 de septiembre, según testigos, lo vieron tomando con dos detectives del actual DAS, en la tienda de don Belarmino Paredes, opuesta a la casa de don Román. Entrada la noche, fue asesinado, según los testigos, por uno de los detectives de nombre Alberto García. Al día siguiente, después de recibir todo el aguacero de la noche, que según las creencias le purificó el alma, se hizo el levantamiento. Nadie reclamó su cadáver y fue enterrado, sin urna, en el cementerio local.
Años más tarde se hizo presente una señora que dijo ser la esposa de "Rompellanos", pero un nutrido grupo de habitantes de Arauca impidieron que sus restos fueran exhumados.

Desde el día de su muerte, "Rompellanos" se convirtió en el benefactor de los necesitados, que acuden en romería, implorando sus milagros. En su memoria hay una canción llanera, con ritmo de "pajarillo", cuyo compositor e intérprete es el conocido cantautor araucano Juan Farfán, en la cual éste añora los tiempos pasados pidiendo rescatar lo perdido, en especial, las costumbres que identifican al llanero. En la segunda parte de la canción que rememora a "Rompellanos", haciendo un elogio de las virtudes, que aún recuerdan los araucanos raizales.